Pareces todavía un niño, no tienes conciencia de rectificación, en tu ingenuidad crees que puedes coger, desordenar, quitar y poner todo como te place, y mientras haces la pilatuna te debo mirar, seguir, obedecer, complacer y candidamente te sientas, caminas y te recuestas tranquilamente en mi desinflado corazón, de hecho, lo pateas como jugando fútbol. hay momentos en los que te asusta el silencio que ronda y comienzas a desesperar, es en esos momentos en los que me miras y en una fracción de segundo te sientes comprometido, amenazado, pareciera como si estuvieses en la mitad del océano de mis intenciones y te estuvieras ahogando. y salís corriendo como el loco que evade el encierro de su psiquiatrico y te trope zas!, das vueltas y trastazos y en tu desesperado afán te volvés a levantar como si nada acabara de pasar. sos tan hábil maquinando y razonando que en menos de nada te creas otra realidad y pretendes que nuevamente es momento de volver a jugar. vas cambiando según tus volatiles estados de animo a otros personajes y actuas cada papel pero todos tienen algo en común, tienen un particular rasgo patológico, la insensibilidad , pero nada te va a frenar. el telón se ha leventado y te metés en mi vida y arrazas con todo lo que siento cual tornado, y me mirás recogiendo los trozos de mi quebrantada dignidad, los retazos de mi descosida ilusión y me preguntás - Qué pasó?- me enfuerzo en decirte que me voy y te ríes y señalas que se me quedó el corazón.